by Javier Márquez
Los Estados Unidos atraviesan un inicio de año marcado por la turbación, el miedo y la incertidumbre, especialmente para las comunidades inmigrantes. En medio de este contexto, el pastor Haroldo, líder de la Iglesia Menonita Resplandece, ofrece una lectura profunda de la realidad desde la fe, afirmando que lo que hoy se vive puede entenderse como una verdadera fe anabautista.
Históricamente, el anabautismo nació en medio de crisis profundas: guerras de religión, violencia justificada en nombre de Dios, pobreza extrema y una persecución feroz contra quienes decidieron seguir a Cristo como modelo de vida. En ese escenario, los primeros anabautistas comprendieron que seguir a Jesús no era una idea abstracta ni una identidad cultural heredada, sino una forma concreta de vivir. Para el pastor Haroldo, ese mismo espíritu es el que se necesita hoy.
Vivir la fe, explica, implica primero una decisión personal y responsable. En tiempos de injusticia, pánico y miedo, la fe no puede ser superficial ni automática. Es una fe pensada, asumida conscientemente y encarnada en la vida diaria. No se trata de negar la realidad, sino de decidir cómo vivir fielmente en medio de ella.
Este momento también exige practicar una esperanza visible, centrada en Jesucristo. Una esperanza que se manifiesta en el cuidado mutuo, la hospitalidad, la honestidad y la perseverancia. Para comunidades que viven bajo persecución e injusticia, esta esperanza no es un discurso espiritual vacío, sino una resistencia cotidiana que se sostiene aun cuando el entorno parece hostil.
Otro eje central es el rechazo absoluto de la violencia. Desde la fe anabautista, la no violencia no es pasividad ni debilidad, sino una forma radical de afirmar la dignidad humana cuando todo alrededor empuja a negarla. En un contexto donde la fuerza y la intimidación parecen dominar, elegir la no violencia es una declaración clara de fidelidad a Jesús.
El pastor Haroldo describe el ambiente actual en las calles como un clima de terror, persecución e injusticia. En muchos lugares, la presencia del ICE es desproporcionada y agresiva. A veces, hasta diez oficiales participan en la detención de una sola persona. Esta realidad ha transformado profundamente la vida diaria de los inmigrantes. Muchas personas ya no salen de sus casas por miedo a ser arrestadas. Incluso quienes tienen algún tipo de estatus migratorio viven con angustia constante, cargando documentos que no siempre los protegen. La administración federal, afirma, está causando un verdadero caos en el país.
Las consecuencias de este clima también se sienten dentro de las iglesias. El pastor ha escuchado numerosos testimonios de personas que ya no pueden ir a trabajar, llevar a sus hijos a la escuela o asistir a los cultos. El terror y la violencia hacia los inmigrantes superan lo vivido en años anteriores. Aunque en 2016 se presenciaron escenas dolorosas como niños en jaulas y familias durmiendo en condiciones inhumanas, lo que se vive hoy parece, en sus palabras, “no ser real”.
Frente a esta realidad, la voz del Señor llama a la iglesia a ser fiel al camino de Jesús. Seguir a Cristo hoy significa rechazar la violencia en todas sus formas, elegir el amor en lugar de la venganza, la paz en lugar del poder y la fidelidad al Evangelio incluso cuando el mundo elige la espada. La no violencia no es opcional ni simbólica; es obediencia directa a Jesús.
Las respuestas de la iglesia ante esta crisis incluyen la oración constante, el clamor por la protección de las personas inmigrantes, la educación sobre derechos, la denuncia pública de los abusos, las marchas pacíficas, los boicots y, sobre todo, el acompañamiento cercano de las hermanas y hermanos que sufren. Cuando las estructuras fallan, la comunidad se convierte en refugio.
En síntesis, vivir la fe hoy es elegir ser discípulos cuando sería más fácil ser espectadores. Es encarnar una fe vulnerable pero firme, sencilla pero exigente. No elimina el miedo, pero impide que el miedo tenga la última palabra.

Javier Márquez
Javier Márquez es Asociado de Comunicaciones y Participación Comunitaria para Colombia. Es un pacifista y poeta colombiano anabautista. Reside en Bogotá, Colombia.
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