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Mosaic News En Español

Crónica de Dos Huracanes en un Viaje a Honduras

February 4, 2021 by Cindy Angela

$500 de ayuda de parte de Mosaico 

El plan original era que Juan José Rivera volviera a Sarasota el 20 de noviembre, después de tres arduas y congestionadas semanas de trabajo en el país de Honduras. Allí había estado por unos días, visitando congregaciones menonitas, predicando y colaborando en las iglesias ubicadas alrededor de San Pedro Sula. También llevaba un capital de ayuda de primeras necesidades que le había destinado el comité de misiones de la Conferencia Mosaico, cuyos montos alcanzaban a los 500 dólares. Pero todos los planes se vendrían al piso, o dicho de forma más gráfica, serían derrumbados, inundados y desaparecidos por los huracanes. 

Toneladas de agua, corrientes desbordadas

El pastor Juan José visitaba su tierra natal en compañía de su esposa Elena. Sus habitaciones eran en la ciudad San Pedro Sula, en casa de hermanos de una de las congregaciones donde tenían agenda de visita. Al llegar el coletazo de Iota, se vino encima de la ciudad el infierno en medidas de toneladas de agua, corrientes desbordadas que se formaban y crecían donde antes había calles, lagunas donde antes se jugaba al futbol, y cataratas en donde hacía poco habían estado las lomas de las ciudades. 

La lluvia en menos de nada era un diluvio, pero el terror estaba concentrado en la tempestad del viento, cuyo poder arrancaba árboles y destejaba casas. Hubo personas perdidas, y el mal era nacional, no solo en la ciudad, sino por todos los terrenos del país. Juan José y Elena tuvieron que refugiarse en un hotel cuando la casa donde se hospedaban se inundó de agua, ellos ayudaron lo más que pudieron, hasta donde sus fuerzas de personas adultas les dieron el aguante en sacar agua de la casa y rescatar lo perdido. Pero al final cedieron. De camino al refugio, por la calle, observaron cómo la gente luchaba incesantemente, con los ojos resguardando el trauma del presente, para salvar sus propiedades; muchos llamaban a gritos personas que no encontraban, otros buscaban entre los charcos comida, ropa, incluso dinero. Para Juan José era frustrante no poder ayudar, mirar con sus propios ojos a personas ahogarse entre las corrientes de agua que corrían por la ciudad. 

El aeropuerto estaba inservible

Muchas cosas se cancelaron, el plan fue totalmente interrumpido, pero Juan José y Elena estuvieron arrojados más que nunca a colaborar con el inminente torrente de necesidad creciente a su alrededor. Su misión allí era servir, aunque con un plan de actividades definido, en ese momento, luego del intempestivo estropeo del cronograma, buscaron la manera de ayudar en lo que más pudieran. Además de la noticia de que el aeropuerto estaba inservible y por consiguiente era imposible su regreso a los Estados Unidos, era claro que tendrían más tiempo del planeado para realizar un rol misional. 

Viajaron hacia el sur de Honduras, a la región de Choluteca. Allí colaboraron en lo que más pudieron, repartieron comidas, atendiendo a los heridos, realizaron cuanto fuera necesario. Eran muchas las personas que se habían quedado sin nada y a quienes pudieron ayudar lo hicieron. El pastor Juan José escribió un informe posteriormente con nombres detallados de las personas quienes fueron el destino de sus colaboraciones económicas, cuyo monto tuvo que duplicarlo con dineros propios. 

Niños hurgando en la basura, pidiendo dinero

Es uno de sus proyectos la apropiación de un terreno cultivable que ha prestado a campesinos de la zona para que lo trabajen y puedan vivir del lucro de sus sembrados. Todo se perdió, el terreno se destruyó por completo con el paso de los huracanes. Ahora necesitan doble ayuda, la ayuda para recuperar el terreno y la ayuda para ponerlo a trabajar. Es en estos sitios donde el pastor vio –pero seguramente esto se duplica por todo el territorio nacional- niños hurgando en la basura, pidiendo dinero, sujetando y jalando del brazo a todos los adultos con la misma pregunta en sus labios:

-¿Necesita que le ayude en alguna cosa? ¿Tiene algún trabajo para mí?

Finalmente el pastor y su esposa volvieron a su casa en Sarasota el 16 de diciembre, pero el recuerdo se ha quedado de nuevo en su corazón, como sucedió una y otra vez desde que se fueron de allí. 

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Después del Voluntariado Volví a Colombia País Doblemente Quebrado Por Covid

January 27, 2021 by Cindy Angela

Hace unos meses me encontraba en Allentown viviendo en el tercer piso de la casa de Danilo y Mary Sánchez con sus dos niñas Emilia y Evie. Eran días complicados. Tengo ese recuerdo de oír activarse la alarma de la mañana, abrir mis ojos, sentirme en una habitación muy cómoda, dotado de un espacio exclusivo, y sin embargo observar por la ventana y encontrar las montañas llenas de árboles sin hojas, una tenue sombra de mi estado de ánimo.

Luchaba por mantener mis ánimos flotando

El tiempo que compartía con la familia Sánchez, que era sobre todo en la cena, no obstante, fue más que nada un refresco de todos los días. Sentí su amor, una especie de bondadosa amistad que me regalaron sin muchas exigencias ni ningún tipo de prejuicio. Durante esos días transcurrieron los primeros meses de la pandemia. Yo era un voluntario de MCC que simplemente observaba con frustración cómo muchos de sus planes se iban deshaciendo poco a poco. Muchos de mis viajes se cancelaron, algunos proyectos de trabajo quedaron a medio realizarse, tuve coraje y resignación, el optimismo lentamente fue cruzando a la orilla del pesimismo. Pero luchaba por mantener mis ánimos flotando. Pasaron cosas muy tristes, como no poder decir adiós a mis compañeros de servicio, amigos y amigas de otros países que vivían la misma situación,  quienes a la primera oportunidad tomaron un vuelo de retorno a sus países en Asia y África. Amigos que quizá no veré nunca más.

Traté de escribir, de leer, de hacer ejercicio, de bailar. 

Monté mucho en bici, caminé mucho por los parques naturales, por el río. En ese silencio mundial, que será una manera de describir a futuro cómo se vivía en tiempos de Covid-19: silencio, junto al miedo, junto a la incertidumbre, junto a la ansiedad, pero sobre todo, silencio en las calles vacías, en los centros donde siempre hubo personas haciendo vida, silencio en los cafés y silencio en los parques; conocí por vez primera la primavera. Un sueño. Lo admito, el invierno y yo no nos agradamos mucho, lo explico de una forma sencilla: conocí la nieve, me pareció una dama bellísima, pero lo mío son las señoritas caribeñas.

En casa de Danilo y Mary, en mis paseos por el vecindario y el arroyo, fui viendo lentamente cómo los árboles comenzaron a botar esas semillitas de polen verde, luego cómo fueron naciéndoles flores rosadas, moradas y azules, cómo después, éstas caían y en su lugar se iban formando a un paso acelerado las hojitas verdes que a su vez iban anunciando el verano. Poco a poco el día era más largo, no salir un solo día a pasear para documentar los cambios, hacía que me perdiera toda una etapa de la naturaleza, en ese cambio armónico pero frenético, como fue en nuestro caso, perdernos todo un año del crecimiento de un hijo.  

Cociné para ellos varios desayunos colombianos

Esos días, a pesar del vacío que mi alcoba agudizaba venían con frecuencia los recuerdos de tiempos dulces. Por las cenas con la familia, los juegos y las tardes de películas con las niñas, el parque, y la primavera. Cociné para ellos varios desayunos colombianos de huevos con cebolla, tomate y arepas con queso, un día incluso prepare empanadas. Además fueron días donde busqué la guía de Dios. ¿Qué vendría en el futuro? ¿Volver a un país quebrado, doblemente quebrado por el Covid, con casi sin ninguna certeza? 

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Yo miraba al techo, me sentaba en la cama, en el sofá, luego en el escritorio, más tarde, tipo 8:00 pm, cuando empezaba apenas a anochecer, abría la ventana y me sentaba sobre el marco con las piernas hacia la calle, observando el atardecer y escuchando música. Fueron días lentos, que por esta misma razón, quizás, los viví segundo a segundo, masticando cómo mi tiempo de IVEPer se iba cayendo entre mis dedos sin que pudiera hacer mucho. Los pasé con la misma sensación de tiempo que percibimos cuando nadamos bajo el agua reteniendo la respiración. 

Salí de Pensilvania en silencio

Luego llegaría el momento de abordar mi avión de vuelta a Colombia. Salí de Pensilvania en silencio. Para entrar al avión, debía cruzar una puerta con un letrero que decía “people do not take trips, trips take people”.

Entonces volví. Ya en Bogotá, en una sola semana tenía tres noticias nacionales: la masacre en tres lugares distintos de personas constructoras de paz. En dos de ellas, grupos de jóvenes. Cuando mis amigos me escribieron luego de mi llegada solían preguntarme “¿Por qué volviste?”. Pasaba los días en un cuarto que una iglesia Menonita dispuso para mi cuarentena. Sólo, encerrado, meditaba en esa pregunta habitada por la frustración y el miedo. También miraba hacia atrás lo que había sido mi tiempo de servicio. Pero sucedía en mi interior algo extraño: me sentía poderoso, con mucho ánimo, con fe, como un caldero en ebullición. 

Desde muy joven fui enseñado a envolver mi vida en el servicio a otros y a causas más nobles que la física satisfacción de mis necesidades propias. Cuando objeté consciencia, por ejemplo, lo hice porque comprendí en esta acción una manera de aportar a la paz de mi país. No lo hice para sencillamente no ir a la guerra, no lo hice únicamente porque considerara que el llamado de Jesús es el de no participar en la guerra, de hecho, lo hice de cierta manera en contra/sentido de esa misma idea, porque consideraba y considero, que de forma contraria, Jesús nos llama así a participar de la guerra, pero no del lado de quienes la pelean, sino del lado de quienes luchan por la reconciliación. Del lado de los que claman en el desierto “el Reino de Dios está cerca”.

Soy defensor de derechos humanos y activista por la paz

Sencillamente, mi actitud no me ha permitido nunca huir. En mi país soy defensor de derechos humanos y activista por la paz, estoy convencido de que el propósito de Dios es la paz y me gusta mucho, inmensamente, desenmascarar aquellos que en nombre del mismo Dios levantan las banderas del rencor, que no son pocos, muchos trabajan no en un escritorio, sino desde un pulpito. 

Por todo esto, cuando escuché a muchos de mis compañeros, jóvenes como yo, decir que no debí volver, rendidos, desesperanzados por vivir en un país donde parece delito ser joven. Por ejemplo, una muchachada que no ve porvenir en su tierra, la tristeza hizo brotar de mí un deseo mayor de ser alguien que ayude a cambiar esto. Yo escribí en unas páginas blancas durante mis primeros días de vuelta en Colombia: 

“Esta mañana me siento vacío, ha sido una madrugada helada y mis cobijas son pequeñas. Sobre mi cabeza escucho la algarabía de un nido de palomas. Sus pequeñas pesuñas rasgan de madrugada y de noche las tejas de la alcoba ¿Por qué no se irán a dormir donde el vecino? Me levanto temprano, preparo el café malo para salvar el bueno cuando haya con quien conversarlo. Puedo pasar tiempo largo observando por la ventana. Quiero pensar que hay oportunidad para los que hemos nacido bajo este sol, es triste escuchar a mis hermanos decir que no hay futuro, pero al final, también comparto esta frustración, llevo dos semanas y ya van tres masacres, aparte de todo lo que pasa en este país…”.

En Allentown, unos meses atrás, mi jefe Steve Kriss me había llamado un día a las 9:00am para conversar sobre algo que me tomó por sorpresa, era la idea de quedarme con la conferencia Mosaico un año más. En la conversación yo estaba emocionado y acepté de inmediato. Lo curioso es que esa misma tarde recibí otra llamada, pero esta vez de parte de un amigo mío, Nathan Howards, alguien que ha compartido mucho con los menonitas de Latinoamérica; me llamó para una conversación similar pero por otros ríos. Estaba explorando la posibilidad de contar conmigo para ser parte de su equipo de la fundación Wájaro. Una fundación que acompaña a comunidades indígenas Wayuu y Misak en Colombia, con proyectos de alfabetización, de desarrollo económico, en general de ayuda para mejorar la situación de esas comunidades. Una labor muy en línea con la comprensión cristiana de la palabra Shalom. 

Fue curioso. Incluso impresionante. Así había sido, en el mismo día dos ofertas diferentes. Parecía que se ponían de acuerdo Steve y Nathan. A pesar de que ya había aceptado la propuesta de Mosaico, en mi corazón algo no cuadraba. Yo meditaba en esto durante muchas tardes colgado de la ventana de mi cuarto mirando hacia la calle. Al final, por razones de la visa, el propósito de prolongar mi tiempo en los Estados Unidos no fue posible. Hoy estoy acompañando brevemente a Wájaro, viajé con ellos hace unas semanas a la Guajira para conocer a los Wayuu y colaboro en otras cosas. La idea es pronto trabajar más intensamente con ellos. 

Perdí familiares y también me dio el Covid

Hoy, además tengo la oportunidad de estar en contacto con ustedes escribiendo desde Colombia para Mosaico y para MenoTicias. Les comparto todo esto porque sucedió en tiempos de pandemia. Muchos cambios. También perdí familiares por la enfermedad, también, me dio el Covid a mí y también me he acostado con miedo de que otras personas cercanas mueran de un momento a otro. Muchos de mis planes del mismo modo se han visto interrumpidos, paso por episodios de ansiedad e incertidumbre. Para muchos, se nos ha salido todo esto de las manos, a una amiga de un cariño muy cercano, por poner un caso, la han internado en psiquiatría hace menos de dos semanas, ella tiene apenas 26. 

Dios sigue mostrando el camino

Pero Dios tiene su manera extraña, en ocasiones dramática, de acompañarnos y de ir conduciendo las cosas. De guiar su voluntad en nuestras vidas. Todos tenemos una historia, de hecho, podría asegurar que tenemos varias, que son memorias de que en la pandemia también hubo morbilidad pero en este caso de solidaridad, de amor, de compañerismo y de esperanza. Dios sigue mostrando el camino.

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Esquirla: Fue una bonita sorpresa saber que Mary había cocinado un desayuno colombiano para Danilo, Emilia y Evie este pasado primero de enero. Que esas arepas les traiga toda la suerte necesaria para el nuevo año…

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Soñé, Soñé, Soñé Y… Alcancé el Sueño

January 21, 2021 by Cindy Angela

“Pronto Robinson comenzará a estudiar en el Seminario Biblico Anabautista Hispano- SeBAH, ahora termina el Instituto Biblico Anabautisa-IBA, una de sus pasiones es predicar y siente de Dios el llamado misionero.”

Cuando lo vi por vez primera en la iglesia Seguidores de Cristo de Sarasota, Florida, recuerdo que era mi primera mañana en esta ciudad que sorprende por las calles limpias y brillantes ante el golpe seco de la calurosa luz del sol. Estaba emocionado sobre todo por la arquitectura inglesa del templo donde se congregan. Esa construcción en forma de capilla adventista, con un frente empinado y que finaliza en punta triangular, de colores azul cielo, que parece un signo inequívoco de la cercanía del Caribe, fachadas de madera, porche y un aire colonial inglés, cotidianidad indiferente para las personas que viven en estas regiones, pero que para mí, que vengo de una sociedad católica, y cuyas características estéticas son españolas y árabes, mucho más complejas y con mayor ambición artística, resultan peculiares, algo inéditas. 

Robinson llevaba una camiseta roja, se sentaba junto a los pastores en una postura de silencio atento y algo tímido y cuando le llegó su turno de hablar contó que venía de Colombia, que era huérfano por la guerra y salía exiliado. Que era líder de jóvenes en Seguidores de Cristo y se preparaba en el IBA. Después cuando hicimos contacto, dejó al descubierto su inmensa humildad por lo mucho que no había dicho en su presentación, que habría podido ser su muy arraigada, familiar, ancestral vocación artística, y que en una mañana de gloria e inspiración le había anotado tres goles al legendario defensor de la selección Colombia, inolvidable capitán del Boca Jr. de Bianchi y en un futuro posible presidente de esa institución religiosa, Jorge el Patrón Bermúdez. 

Él y su familia, que son su esposa Yamile y sus dos hijos Wilches y Santiago (más el que viene en camino), poseen una capacidad de risa con un rastro aborigen y desafiante. En una serie de dos capítulos que se publicó en este medio en algo que se llamó el Blog de las Pequeñas Cosas, donde narro parte de su vida, se sobre entiende la fuerza de belleza y osadía que existen detrás de esas sonrisas honestas de la manera de vivir. Una noche, en un restaurante de comidas rápidas, su hijo mayor Wilches, que tiene como práctica el dar respuestas con la más pura sinceridad y la puntería de los mejores arqueros olímpicos, me respondió sobre sus preferencias deportivas de la siguiente manera: “soy hincha de los Nuggets y las papas fritas”, untaba su papa en una copa de salsa BBQ, y de inmediato me pasó un resumen de su perfil laboral, “lo que más me gusta hacer es comer y jugar”. 

Íbamos por una avenida de Sarasota, era noche, Robinson conducía la camioneta de su trabajo, él es pintor, y durante el camino me contaba parte de su vida en los Estados Unidos desde que llegó para trabajar en el circo. En esos días vivía en un tráiler y estaba entre dos decisiones: Si comprar un mejor carro para su familia o ahorrar únicamente para su casa. El porvenir era de evidente trabajo pesado aunque meritorio, de esa manera, enfocado, en dos o tres años lograría comprar su casa, quizá menos. Yo me despedía de él y de su familia convencido que él algún día vería cómo sus sueños se volvían poco a poco verdad.

Dos semanas después de estar de nuevo en Filadelfia empezaría el Covid. Por mi trabajo con la Conferencia sabía de primera mano toda la escasez que sufrirían de primera mano las familias inmigrantes. Escuché que muchos se quebraron, que otros aguantaban hambre, que miraban muchas familias cómo renegociar el pago de la renta para no terminar en la calle. No se vislumbraba un futuro fácil para ninguno.

Mis planes cambiaron como los de todo el mundo, pero lograría volver a la Florida hasta el mes de julio. Entonces visité de nuevo a la familia Delgado. Me recibieron con tibieza. Y me condujeron a un barrio, nos parqueamos en una entrada personal, y ahí Robinson me la presento: “esta es nuestra nueva casa”. Era literalmente su nueva casa, tenían un mes cumplido. ¿Cómo? Yo estaba sorprendido. El trato se había cerrado en un precio que se les facilitaba; la propuesta había venido sin que la llamaran y cuando menos se lo esperaban, cerraron, abrieron sus ojos, y ya tenían casa propia. Los días en el tráiler habían quedado en el pasado. 

Robinson me invitó a su patio, un jardín espacioso donde fácilmente se acomodaría una piscina. Entonces miramos cómo Wilches jugaba con una pelota. Algo en la mirada de Robinson perseguía a su hijo con la pelota mientras se miraba así mismo muchos años atrás cuando también era un niño y corría pero en las calles de su pueblo en el Chocó. Pelamos dos mangos verdes. Hablamos del futuro, de los planes que había para ese espacio, luego me presentaron la casa, tomé agua de la nevera… esa familia y su fe, su sonrisa, su trabajo. 

Una tarea que todos los días realiza Robinson por sus redes sociales es publicar un video con una reflexión bíblica que él ha llamado El Autobús Bíblico. Es curioso, y ojalá no sea de mala suerte, porque en Sarasota prácticamente nadie utiliza el bus, que sí tienen, todos lo han visto pasar, pero muy pocos saben cómo funciona. 

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Banda de Cinco Niños Hacen Travesuras, Hablan por Señas, Corren a Escondidas de Ana y Estudian en Computadores

January 13, 2021 by Cindy Angela

Foto página oficial de Facebook de Centro de Alabanza

Por estos días levantan el rostro entre los computadores y el cuaderno de notas para mirarse, se ríen en esa complicidad que provee la travesura, juegan con las palabras sin voz, hacen señales con las manos, a veces, el más valiente se atreve a levantarse de su silla, correr y volver de inmediato a su lugar sin que Ana alcance a verlo. Son una pequeña banda de cinco niños. Abdiel, Andrés, Eric, Marc y Jexson. Todos desde muy temprano en el edificio localizado en 440 de Snyder, de vez en cuando se suman dos o tres, pero sean cinco, siete o más, todos deben llegar a las 8:30am desayunados. 

Ana recogiendo migas de galletas

Llegan del mismo modo, con su mochila colgada a la espalda, con almuerzo, snak, y la energía y actitud suficientes para una jornada larga de estudio. Allí, un poco más temprano, para recorrer cosas del suelo, como migas de galleta y acomodar las sillas y las mesas,  llega Ana Cortés, esa amiga mexicana que de primera impresión conversa poco, pero está siempre atenta para estar presente donde haya que ofrecer un servicio o una ayuda. 

En casa suele haber más de un niño estudiando por computadora

Hace unos meses la iglesia Centro de Alabanza de Filadelfia abrió sus puertas para recibir niños de su comunidad durante la jornada escolar en sus instalaciones. En el presente, debido al Covid-19, los edificios escolares fueron clausurados pero no el estudio, el cual fue desplazado a los hogares usando un computador con conexión a internet. Esta decisión trae de primeras, varias implicaciones, como son la capacidad técnica para conectar a cada niño a su clase – en casa suele haber más de un niño estudiando-, la nada fácil readaptación de los niños a su nuevo ambiente escolar, la fortaleza para estar de siete a ocho horas sentando frente a un computador y la capacidad de los padres para brindarles tutorías a sus hijos.

Niños solos por un par de horas
Foto página oficial de Facebook de Centro de Alabanza

Lo cierto es que entre las familias que hacen parte de la Iglesia Centro de Alabanza, inmigrantes en su inmensa mayoría, suele pasar que tanto padre y madre trabajan, por eso acompañar a sus hijos en el estudio desde casa no suele ser tarea fácil, muchos de ellos han tenido que acomodar sus horarios, otros han tenido que gastar un dinero extra para el cuidoado de niños, complicado si se pone también sobre la mesa las circunstancias económicas para los inmigrantes en todo el tiempo que ha durado la pandemia, o sencillamente dejarlos solos por un par de horas mientras pueden ir y volver de sus horas de labor.

Tutora de niños para que no esten solos y estudien

Esta ha sido la motivación fundamental para que la iglesia pensara en brindar este servicio. En un comienzo fue el pastor de origen indones Aldo Siahaan, que compartió la idea con los pastores Fernando Loyola y Letty Cortés, sobre la ayuda escolar que ya ofrecian  en su iglesia Philadelphia Praise Center. Ellos lo vieron como algo oportuno, que sería de inmensa bendición y colaboración para más de una familia de la iglesia, comentaron la idea a su hija Ana Cortés, quien aceptó ser parte de esto ofreciendo su tiempo como tutora de los niños que acudieran a la iglesia. 

Foto página oficial de Facebook de Centro de Alabanza
Malo si sí, malo si no

Desde entonces los niñon llegan a las 8:30 de la mañana, cargando a sus espaldas sus mochilas con sus almuerzos y salen a las 3:45 de la tarde con sus tareas hechas, con sus ojos pequeñitos y juegos por terminar para el día siguiente. Ana les ayuda a leer y a escribir cuando lo necesitan, ella misma acepta que no ha sido tan sencillo, “he tenido que trabajar mi paciencia”, y se entiende fácilmente, porque muchas veces los niños suelen tener como coro personal esa canción de la banda de rock en español Aterciopelados/ Bolero Falaz, que explica para el mundo de los adultos “Malo si sí, malo si no.”

Bebé ratón en el fondo de la caneca de basura

“Una vez – me cuenta Ana- el niño más pequeñito fue a la cocina para pelar una mandarina o algo así, entonces desde la cocina escuché su grito y cuando giré a ver él venía corriendo espantado”. Ana fue a inspeccionar qué había sucedido y resultó que un bebé ratón estaba en el fondo de la caneca de basura. El niño quería que lo pisaran, que lo golpearan con una escoba, que le dejaran caer un ladrillo encima, que lo metieran en la lavadora de  ropa. Ana no era tan cruel, por eso resolvió sacarlo de la iglesia. Pero cuando el niño entendió lo que Ana estaba a punto de hacer se arrancó en un llanto trepidante “Maestra, no lo saques porque se va a morir de frío”. Era invierno, el niño lloró toda la tarde porque el ratón se congelaba. Desde entonces los niños, a pesar de todas las instrucciones de Ana, dejan comida bajo sus pupitres a propósito por si algún ratón también se cuida de la nevada y necesita algo de comer.

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Healthy Niños de Honduras Comparte su Comida y Colchones a Afectados Por Las Tormentas de Espanto ETA y IOTA

January 7, 2021 by Cindy Angela

Foto página oficial de Facebook de Healthy Niños

Hace unos meses conversé con Herman Sagastume, donde además de conocer en detalle el proyecto Healthy Niños, Herman me contó sobre el Fondo Shalom que se había creado en la Conferencia Mosaico para atender el desabastecimiento de las comunidades con las que trabajan en Honduras debido a la crisis del Covid-19.


Un pequeño retoño de luz

Esta vez me comuniqué nuevamente con él, para preguntarle acerca de un tema semejante y es la situación de estas comunidades, luego que Honduras recibiera en el mes de noviembre, dos huracanes, el ETA y el IOTA. El panorama no siempre es alentador; pero en medio de la penumbra siempre se ha logrado ver así sea un pequeño retoño de luz.

Tempestad de Espanto

El caos es inenarrable. Primero fue ETA, pero este huracán, que venía desde el sur, alcanzó a Honduras con menos furia de lo que había sucedido en los países por los que ya había pasado. De todos modos produjo pérdidas, complicaciones graves como inundaciones y derrumbamientos menores. Luego de la interminable lluvia, y cuando pasaban unos días que daba tiempo a las personas para reacomodarse y reparar los daños, fue cuando llegó IOTA, como una tempestad de espanto y ésta dibujó los paisajes con imágenes como las siguientes: planicies donde antes habían casas, lagos donde antes hubo plantaciones, hileras de gente buscando refugio montaña arriba, techos de casa que parecen canoas, caminos atravesados por troncos caídos y árboles aplastados por el peso de las lluvias o destrozados por la furia del vendaval.

Con IOTA, se estima que la cifra de damnificados escala los 2 millones

La parte norte de Honduras fue la más afectada, y esto tiene un agravante peor porque Honduras depende entre un 60% y un 65% de su economía a la productividad de esta zona del país. Igual que hace unos meses, cuando narrábamos para ustedes lo difícil que en estos países suscribía la crisis sanitaria de la pandemia debido a sus atrasos en el sistema de salud y de repartición del dinero, así, hoy sucede en Honduras sobre el soporte a este huracán debido a la gravedad por la poca y débil infraestructura que posee el país.

Herman explicó todo esto para el conocimiento de las iglesias de la Conferencia Mosaico. Él hace bastantes años que vive en el Estado de Virginia, es hondureño y su trabajo desde Healthy Niños está objetivamente enfocado en su país de origen. Nos ha dicho que nunca antes había visto tanta destrucción en Honduras, ni siquiera cuando en el año 98 pasó sobre el país otro huracán, el Huracán Mitch. Con IOTA, se estima que la cifra de damnificados escala los 2 millones.

El pobre es el más afectado

En Arepo, una de las zonas donde Healthy Niños realiza su trabajo de desnutrición y educación básica, puesto que las personas que allí viven son demasiado pobres y se han visto forzadas a construir sus casas en lugares de alto riesgo, los daños llegan al nivel de acabar con todo.

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Pastor Héctor Quiñonez Su Familia Con El Show “Snoopie y Sneepie”

December 30, 2020 by Cindy Angela

En los pasados días el pastor Héctor Quiñonez con el ministerio de ayuda que dirige, han repartido una variedad de comida como donación. Han estado sirviendo cientos de familias que pasan necesidad en el Estado de New Yersey. Él lo cuenta de esta manera: “En un momento 2,500 cajas de comida, en otra ocasión 250 bolsas de comida, hace unos días 100 cajas de comida, 50 cajas de frutas y legumbres y 30 pavos.” 

Foto por Héctor Quiñonez

Con su esposa Lisa, tienen el ministerio de servicio y ayuda hace varios años. Hoy sirven como pastores de la iglesia Victory Garden, donde ayudan con la comunidad hispana, además de ofrecer en diferentes momentos clases de español. Los días están llenos de bastante acompañamiento y comunicación con los y las hermanas de la iglesia, sobre todo en estos días de pandemia. Un tiempo especial en este año, ha sido cuando los casos de contagio están volviendo a escalar. Por ejemplo, el pastor Héctor Quiñonez mantiene cinco grupos de WhatsApp y continúa realizando los servicios el domingo, ahora a causa de las complicaciones técnicas de la virtualidad, únicamente se ofrecen en español y no bilingües.

El llamado ministerial de Héctor Quiñonez empezó a una edad muy joven en Puerto Rico. Allí escuchó una predicción sobre el llamado pastoral, más adelante lo escuchó de nuevo en Maryland. Cuando llegó a los Estados Unidos se encontró con la circunstancia de que en la iglesia donde estaba no había grupo de jóvenes, por lo que buscó otra iglesia para compartir con los jóvenes de allí, tuvo también la oportunidad de mejorar el inglés y conocer sobre todo el idioma aplicado al contexto eclesial. 

Graduado de College, trabajó con la iglesia Ejército de Salvación, donde sirvió en el campamento como profesor de inglés. Luego de su graduación universitaria, recibió una oferta en la escuela donde se graduó, el Dover High School. Allí fue maestro de español por ocho años, supervisor cinco años y ahora es el vicerrector. 

Con su esposa Lisa Quiñonez, duraron 12 años sirviendo en la iglesia como pastores juveniles; pero más adelante conocerían a un pastor llamado Tom, quién invitaría a Héctor para que predicara un Viernes Santo en la comunidad de Victory Garden. Allí acordaron que Héctor predicara cada fin de mes en español. Con el tiempo comenzó a ofrecer una traducción simultanea del sermón de inglés al español, para la comunidad hispana. 

Hoy, el pastor Héctor Quiñonez planea un taller para ayudar a personas con problemas de adicción, se llamará GET TO IT (alcánzalo). Su vida ministerial es muy activa, empieza muy temprano en el día, compartiendo un devocional por WhatsApp que él mismo escribe.

La vocación del pastor Héctor va más allá del servicio al necesitado, la enseñanza y predicación de la palabra de Dios, también es músico. Toca el piano y sabe interpretar el bajo y la guitarra, su mayor talento es la percusión. Su ministerio es familiar, sus hijos tienen un programa que llaman “El show de Snoopie y Sneepie”, de ese modo también comparte sus dones con las iglesias. Para el futuro cercano, han pensado ofrecer talleres vía ZOOM para la iglesia, compartiendo temas de inmigración y asesoría médica sobre el Covid-19. 

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Sopa Comunitaria en Iglesias Anabautistas-Menonitas en América Latina, Venezuela en la Crisis una Oportunidad

December 23, 2020 by Cindy Angela

El Covid -19 es hoy quizá la forma más específica de describir nuestro presente. Absolutamente todos hemos visto nuestra vida reorganizarse para dar frente a la crisis epidemiológica mundial. El mundo se entera del tema tan rápido cómo suceden los hechos y las personas, quiéranlo o no, estamos íntimamente involucrados en el desarrollo de todo esto. 

A pesar de este panorama mundial, las iglesias anabautistas del mundo continuamos encontrando en nuestra inspiración bíblica los incentivos para dar frente a la crisis, no dejando de lado dos de nuestros valores fundamentales en la forma que comprendemos las escrituras y el llamado a la iglesia: persistir en la comunidad y en la ayuda al prójimo. 

Este es un reportaje  sobre el caso de algunas de las iglesias anabautistas en América Latina, con el fin de enterarnos de lo que están  viviendo nuestros hermanos y hermanas, de esta parte del continente, a la vez que acompañamos en oración a la comunidad global.

En México, como lo veremos en cada país, la iglesia ha optado por seguir reuniéndose a través de las plataformas virtuales. En el caso de la Iglesia Fraternidad Cristiana Vida Nueva, en la Ciudad de México, desde el primer domingo de la cuarentena, desde entonces tres, los y las hermanas han tratado de conectarse y compartir el servicio vía Facebook, siendo el caso de los dos primeros, y a través de ZOOM, en el caso del domingo 5 de abril. Este cambio, según la pastora Marisol Arriaga, se ha debido porque están buscando métodos que faciliten la participación de la congregación. 

En cada país donde preguntamos se reporta lo mismo: México, Cuba, Colombia, Paraguay, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, Puerto Rico, Honduras y Guatemala. En Asunción-Paraguay, Karina Bogarín, joven de la iglesia Maranata de los Hermanos Menonitas, resalta cómo los ancianos de su iglesia han tenido que inmigrar a las tecnologías contemporáneas y que ellos son, en gran sentido, los que más están animando a la oración y a la constante comunicación entre los herman@s. 

El caso es que las iglesias han encontrado en la crisis una oportunidad para explorar y descubrir métodos diferentes de compartir entre herman@s. En Colombia, por ejemplo, la Iglesia Menonita de Teusaquillo en la ciudad de Bogotá, han incluso celebrado la Santa Cena en un servicio virtual donde cada quién, desde su casa, prepara los utensilios necesarios para compartir este símbolo de unidad en el cuerpo de Cristo y de memoria de lo hecho en la cruz por Jesucristo. 

Una historia interesante es la del joven Santiago Manrique, objetor de conciencia y parte de la comunidad de la iglesia Menonita Ciudad Berna en Bogotá, que en los tiempos cuando empezaban todas las medidas regionales, se encontraba en Panamá y, debido al cierre de aeropuertos en su país natal, ha tenido que permanecer en este país. El contacto con sus herman@s y amigos de la iglesia vía WhatsApp y ZOOM, ha sido fundamental para poder vivir este tiempo tan lejos de su hogar. 

En cuba, donde la situación es particularmente diferente a los otros países de América Latina en razón al difícil acceso al Internet, ha sido mucho más cumplido llevar reuniones online. No obstante, se ha practicado una red de comunicación por WhatsApp donde, los hermanos y hermanas que sí cuentan con este recurso, están informando de la situación de las familias, al menos en la Habana, según cuenta uno de los líderes de jóvenes de las iglesias anabautistas de Cuba, Moises Santana. 

La congregación de maneras virtuales no es únicamente un ejemplo vivo del espíritu comunitario en medio de nuestras iglesias hermanas de los países de América Latina, es también un caso de responsabilidad social, por la actitud de comprender que la iglesia se encuentra inmersa, igualmente que todos, en un nudo social y que por tanto puede ser un actor de mejora o de perjuicio para la sociedad, según lo acertadas o no que sean sus decisiones. 

Las reuniones virtuales no tienen el único objetivo de continuar con las actividades eclesiales dominicales, han sido sobre todo un método de cuidado mutuo. El Covid-19 está causando daños que van más allá de la sanidad social; la atención mundial a la crisis con sus medidas de aislamiento preventivo y de parálisis está generando problemas económicos y psicológicos graves. 

Los y las pastoras insisten en lo difícil de mantener aislamiento social, sobre la soledad y el estrés que esto está produciendo en los hermanos y hermanas de las iglesias, por lo mismo, el valor que le dan al seguimiento virtual y a la exploración tecnológica por métodos que permitan más participación y contacto entre la congregación es algo a destacar. 

Las iglesias de cada país están tratando de afrontar el problema económico que genera la cuarentena con ayudas coordinadas a las personas más necesitadas de las congregaciones. En Colombia, la Iglesia Menonita de Teusaquillo está tratando de repartir mercados a sus familias más necesitadas y entre estas se destaca el trabajo de ayuda a los inmigrantes venezolanos. En México, a través del Ministerio Sendas de Justicia, que nació hace dos años cuando sucedía lo de las caravanas de migrantes desde Centro América, se están donando mercados a los más necesitados. 

Otro país con una situación peculiar debido a su situación política es Venezuela, donde también hay misiones e iglesias anabautistas. En la Isla Margarita, los pastores Euclides y Darnelis ayudan a la comunidad bahía bolivariana con panes que ornean y con bolsas de café, también hacen sopas comunitarias. En Caracas la comunidad del pastor Erwin Mirabal está cocinando fríjoles y arepas para compartir con las personas que viven en la calle. 

En los diferentes países consultados de América Central, el Caribe, la Zona Andina y el Cono Sur se ha podido observar el trabajo de las iglesias en tratar de ayudar a los más necesitados con lo posible. Están surgiendo recolectas y donaciones para entregar a los más necesitados; se evidencia que las iglesias que previamente tenían un trabajo social activo han tenido más facilidad en contactar bancos de alimentos o entidades de apoyo. El pastor David Morales, Guatemala, ha explicado cómo su comunidad ha podido entregar suplementos higiénicos claves como el desinfectante y las mascarillas debido a una farmacéutica que pertenece a un hermano de la comunidad.

Por el momento no son muchos los casos reportados de hermanos o hermanas anabautistas contagiados en Latinoamérica. Sin embargo sí se tiene conocimiento del lamentable caso de un familiar del pastor José Manuel Guamán quien falleció por el virus en la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Cuya noticia ha creado una cadena de oración en diferentes países de la región. 

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Caminando Por la Vida Entre el Desierto de México y Arizona

December 17, 2020 by Cindy Angela

Goza “del trabajo más interesante posible.” Ayuda a los inmigrantes. A través de la asesoría jurídica a personas indocumentadas -para cambiar su estatus migratorio-, y también participa activamente en la caminata en la frontera en los llamados -Learning tours- entre Estados Unidos de América y México, con el único propósito de brindar consuelo a aquellos que sufren la desesperación, la tristeza y el oprobio de querer ingresar al país del tan anhelado sueño americano.

Jorge Vielman es, sin duda, un trabajador admirable, de origen guatemalteco que junto a un equipo leal, no para de brindar ayuda en materia migratoria a quienes lo necesitan. Se desempeña como coordinador del departamento de Migración del Comité Central Menonita en Miami Florida. Durante los últimos 14 años, ha participado activamente de los Learning tours, donde ha sido testigo de la transformación en la vida no solo de aquellos caminantes migrantes sino también de quienes forman parte de las caminatas.

Mientras avanzaba el año 2014, comenzaba también para Jorge la preparación de caminar cerca de 75 kilómetros en el cruce fronterizo entre el desierto de México y Arizona, por el cual pasaría el Learning tour. Por aquellos días recibió un correo electrónico de un pastor y colega que cuestionaba de manera abierta el programa de caminata en el desierto por considerarlo inapropiado. Sin dudarlo ni un momento Jorge, con la amabilidad que lo caracteriza, invito a esta persona a participar de la caminata para que él conociera de primera mano el propósito por el cual se realizaban estos tours, que no era otro, sino el de educar a los caminantes migrantes en su mayoría centro y sur americanos sobre la prevención de la muerte en el desierto.

Es así como para aquel verano de 2014, enfrentándose a elevadas temperaturas de aproximadamente 122º grados fahrenheit, Jorge, el equipo de Learning tour, los demás caminantes incluidos el pastor visitante, emprendieron la caminata por aquel desierto, la cual estaba planificada para que durara siete días. Una vez allí fueron testigos de los horrores que soportan los migrantes en su paso fronterizo. Por ejemplo, se encontraron huesos y fragmentos de esqueletos probablemente de migrantes que murieron deshidratados por las largas exposiciones al sol, muchas muertes también fueron violentas por parte de mafias que dominan el sector y otras personas nunca las vieron porque simplemente desaparecieron en el desierto.

Los peligros a los que se enfrentan los migrantes son enormes, pues no sólo desafían el clima, la violencia que domina el trayecto, sino también a toda clase de flora y fauna. Ya que en el desierto habitan animales silvestres como coyotes, escorpiones y víboras venenosas que acechan el camino listas para atacar en cualquier momento.

Al finalizar el tour y haber tenido la oportunidad de tener un acercamiento de primera mano con la cruda realidad que viven gran parte de los migrantes que toman la difícil y penosa decisión de salir de sus tierras natales acosados por la violencia, el hambre y la falta de oportunidades, los caminantes del Learning tour, entre ellos Jorge y el conjunto de personas que lo acompañó tuvieron la oportunidad de realizar voluntariados en algunas de la zonas fronterizas. Allí tuvieron el privilegio de compartir de las buenas nuevas de Jesucristo en algunas comunidades e iglesias locales Menonitas que trabajan en ese sector.

Como reflexión final, el pastor visitante y colega de Jorge, experimentó una verdadera transformación en sus pensamientos, de primera mano pudo sentir mientras caminaba como la aflicción por el cansancio, la sed, el hambre y la desesperación de morir en el desierto era tan real para aquellos migrantes caminantes. En definitiva, de una manera muy especial y particular Dios habló a su corazón para que el amor por la justicia y la paz se hicieran una realidad en él, no solamente de palabras o de mera retórica sino al contrario extendiendo los brazos como Jesucristo y el hijo del Dios viviente lo hace cada día.

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