por Marco Güete
Después de 36 horas de viaje, tres aviones y un trayecto en tren desde Lisboa, llegamos a Porto con el cuerpo cansado, pero con el corazón lleno de expectativa. Todavía no habíamos comenzado a caminar y ya comprendíamos una primera lección espiritual: el Camino exige paciencia antes de pedirnos fuerza.
Iniciamos nuestra peregrinación en Labruge. Pronto descubrimos que la distancia sería de 247 kilómetros, diecisiete más de lo calculado. En la primera etapa también nos equivocamos de ruta: caminamos dos kilómetros en la dirección incorrecta y otros dos para regresar. Aquellos cuatro kilómetros adicionales nos enseñaron que no todo esfuerzo nos hace avanzar, pero aun los desvíos pueden convertirse en maestros.

Desde entonces, Sandra y yo hemos atravesado playas, bosques, montañas, calles antiguas y ciudades modernas. Hemos sentido un sol sofocante, neblina, fuertes brisas y frío. Nuestras mochilas ya se ven desteñidas por el sol y un poco desgastadas, como si también ellas estuvieran haciendo su propio Camino. Casi todos los días, al llegar cansados al alojamiento, todavía nos espera la tarea de lavar la ropa. El cuerpo pide cama, pero la ropa pide agua y jabón. La vida del peregrino también tiene sus liturgias domésticas.
Nuestros pies se han cansado y nuestras piernas han protestado, pero hemos aprendido a respetar el ritmo del otro. Caminar como pareja no significa avanzar siempre a la misma velocidad; significa esperar, acompañar, animar y reconocer cuándo el otro necesita descansar.
También hemos descubierto que el amor se expresa en gestos sencillos: compartir el agua, ajustar una mochila, ofrecer una palabra de ánimo o colocar una flor silvestre en el sombrero de Sandra. En el Camino, el matrimonio se vuelve una peregrinación dentro de otra peregrinación.


Dios también nos ha hablado mediante personas desconocidas. Peregrinos de distintos países han compartido sus historias. Algunos habitantes nos han indicado la ruta cuando desaparecían las flechas amarillas. Al salir de Vigo, un hombre caminó cuatro cuadras a nuestro lado para asegurarse de que regresáramos al sendero correcto. Su gesto nos recordó que la providencia de Dios muchas veces tiene el rostro de alguien que decide detenerse y acompañarnos.
Hemos cruzado el río Miño en un pequeño bote, descansado nuestras piernas en las frías aguas del Atlántico y abrazado árboles agradeciendo su sombra. También hemos reído ante nuestros errores, porque la espiritualidad del Camino no está separada del buen humor.
Ahora nos acercamos a la meta de llegar a Santiago de Compostela. Caminamos para apoyar a Ministerios Hispanos, pero también para permitir que Dios siga trabajando en nosotros. Agradecemos profundamente a quienes han estado orando por nuestro bienestar y por esta misión. Sus oraciones también recorren el Camino con nosotros y nos recuerdan que necesitamos a Dios, nos necesitamos el uno al otro y necesitamos a quienes deciden caminar a nuestro lado.



Marco Güete
Marco Güete is the Leadership Minister for Florida for Mosaic Conference.
Mosaic values two-way communication and encourages our constituents to respond with feedback, questions, or encouragement. To contact Marco Güete, please email mguete@mosaicmennonites.org.
The opinions expressed in articles posted on Mosaic’s website are those of the author and may not reflect the official policy of Mosaic Conference. Mosaic is a large conference, crossing ethnicities, geographies, generations, theologies, and politics. Each person can only speak for themselves; no one can represent “the conference.” May God give us the grace to hear what the Spirit is speaking to us through people with whom we disagree and the humility and courage to love one another even when those disagreements can’t be bridged.
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